miércoles, marzo 28, 2007

Cosas que hacer en Calgary cuando estás muerto (y 3)

(...de aburrimiento)


Bueno, pues con esta tercera entrega sobre las cosas tan apasionantes que se pueden hacer en Calgary creo que voy a dar por terminadas mis entradas canadienses.

Si el primer día os llevaba de paseo por el barrio y os enseñaba cómo adornaban sus casas y jardines de cara a la Navidad los que fueron mis vecinos y el segundo día íbamos de tiendas al downtown de la ciudad, en esta tercera entrega nos vamos de excursión a la Universidad.



Bienvenidos a la Universidad de Calgary.

Todos los edificios que veis en la foto (ya sabéis, pinchad y se os dará... una imagen ampliada) pertenecen al campus de la universidad del que, si vuestra curiosidad os lleva hasta ese extremo, podéis encontrar un mapa en este enlace, y el edificio que está dentro del recuadro rojo es en el que yo estuve trabajando, la facultad de Kinesiología. Sí, todo eso es una sola facultad, aunque a efectos administrativos y de localización de aulas estaba dividida en dos: Kinesiology A (la parte de techo oscuro) y Kinesiology B (la parte de techo claro, donde se encuentran los laboratorios de investigación).

Lo que os debéis estar preguntando es cómo alguien que se pasa todo el día en la facultad a la hora de buscar sitios donde ir a entretenerse elige quedarse en la facultad. Y lo entiendo. Por eso he traído pruebas.



¿Para qué iba a coger el tren hasta el centro de la ciudad si, como se ve en la foto anterior, tenía una tienda de comics en la mismísima facultad?
Pero eso no es todo. Además, hay un sitio para jugar al billar, al futbolín y a las máquinas recreativas. Y una peluquería, una tienda de libros de texto de segunda mano, una agencia de viajes, una tienda con ropa de la universidad, una oficina de correos y otras cuatro o cinco tiendas más... Todo en los bajos de la facultad y en los pasillos que comunican Kinesiología con el MacEwan Student Center.



Si volvéis a la foto del campus, el edificio que hay justo a la derecha de Kinesiología es el MacEwan Student Center (si pincháis en el enlace podréis, moviendo el ratón por la imagen, tener una vista panorámica de la entrada del MacEwan).
El MacEwan es un lugar enteramente para los alumnos donde no hay aulas y sí multitud de tiendas de comida rápida, bares y espacios libres donde cada día se instalan diferentes puestos que pueden llegar a vender cualquier cosa, desde carteles de cine y postales hasta cinturones, collares o pendientes, o dar información sobre los mejores lugares para estudiar en el extranjero durante el próximo semestre.



Aquí es donde comía la mayoría de los días: el MacEwan Hall Food Court (de nuevo, si pincháis en el enlace podréis tener una panorámica del sitio). Un puesto de pizzas, uno de tacos, nachos y quesadillas, un camboyano, un vietnamita, un puesto de zumos, el famosísimo (allí) Tim Horton's, un puesto sólo de tés y cafés... Resumiendo, comida sana donde las haya.



Y después de la sana comida podemos salir a dar una vuelta paseando entre las facultades y, lo más probable si es más allá de octubre, pisando la nieve. Aunque es bien posible que la temperatura no llegue a los cero grados y que prefiramos hacer un paseo "interior".
¿Opciones? Si es lunes, tenemos sesión de cine (entrada gratis para los estudiantes presentando el carné) en el Science Theatre, un aula enorme en la que instalan una máquina de hacer palomitas para la ocasión.
Si no nos gusta la película que ponen, o no es lunes, podemos intentar bajar lo que nos hemos comido yendo al Jack Simpson Gimnasium, para jugar un partidito de baloncesto o voleibol o simplemente para correr por sus pistas de atletismo, o podemos ir al Fitness and Life Style Center, para desahogarnos con sus pesas, sus cintas de correr o sus múltiples "máquinas de tortura".
En último lugar, y si somos lanzados y arriesgados, podemos ir a patinar al Olympic Oval. El Olympic Oval se construyó con motivo de las Olimpiadas de Invierno que se celebraron en la ciudad allá por 1988 y es el edificio ovalado (oh, sorpresa) a la izquierda de Kinesiología. Los miércoles por la tarde hay clases para principiantes.



Pero como no todo es diversión y de vez en cuando hay que estudiar, en la foto tenéis la MacKimmie Library Tower, o lo que es lo mismo, el edificio de la biblioteca del campus con más de un centenar de plazas de estudio, conexión wireless, fotocopiadoras, escáneres y ordenadores para consulta y pequeñas aulas insonorizadas para hacer reuniones.


Y hasta aquí nuestro viaje de hoy por el campus de la Universidad de Calgary.

Espero que os haya gustado.

Etiquetas: ,

lunes, enero 29, 2007

Cosas que hacer en Calgary cuando estás muerto (2)

(...de aburrimiento)


El último día os había enseñado, haciendo un recorrido por el vecindario, las luces y adornos que podíamos encontrar en las fachadas y jardines de algunas casas de Calgary. Pero como no es bueno estar paseando por la calle demasiado tiempo a esas temperaturas (entre los 5 y los 10 grados bajo cero), voy a proponeros otra manera de pasar el rato cuando no tengáis nada que hacer.

Hoy nos vamos de compras.



Estamos en la 7ª Avenida, calle principal del downtown de la ciudad. El downtown es la zona de negocios, donde se encuentran las sedes de una gran cantidad de empresas dedicadas al petróleo y al gas así como los principales bancos de Alberta. Para entendernos, rascacielos y más rascacielos.
En uno de los edificios de esta calle encontramos el Toronto Dominion Square (TD Square para abreviar), un centro comercial repleto de tiendas de todo tipo: desde la última moda de precios desorbitados hasta la pequeña tienda de souvenirs para turistas (de precios también escandalosos, dicho sea de paso).



Como podéis ver, además de los adornos navideños propios de principios de diciembre, el TD Square tiene un amplio espacio vacío en el centro lleno de luz y coronado por una cúpula transparente a través de la que se pueden ver los rascacielos que nos rodean. Alrededor de este espacio central se distribuyen todos los comercios y puestos de comida y café. Si no tenéis prisa y no buscáis nada en concreto podéis estar dando vueltas y vueltas por todo el edificio durante horas.



Y si os cansáis de las tiendas del TD Square podéis pasar a través de las pasarelas que cruzan sobre la 8ª Avenida (la de la foto, una avenida peatonal también llamada Stephen Avenue) y las calles 2ª y 3ª y entrar en otros edificios también repletos de tiendas (el 'Calgary Eaton Centre', el 'Scotia Centre' y el 'Bankers Hall').
Y para cuando os hayáis cansado en serio de las compras, podéis visitar las últimas plantas del TD Square para ver los Jardines Devonian.



Según el folleto que repartían en el Centro de Estudiantes Extranjeros de la universidad con los lugares que no debíamos perdernos al visitar en la ciudad, los jardines poseen "más de 20.000 plantas de unas 135 variedades diferentes, entre las que destacan principalmente multitud de especies tropicales y de la flora local". Con esa publicidad me esperaba algo similar a los jardines de la estación de Atocha y, francamente, me llevé una pequeña desilusión.



Aún así merece la pena visitarlos y ver sus fuentes llenas de peces de colores (hay incluso una pequeña cascada), recorrer sus serpenteantes caminos y, si se da la casualidad, presenciar una boda.



Y es que hay gente que se casa en un centro comercial. Porque aunque se camufle en sus últimas plantas como jardín botánico, no deja de ser un centro comercial.
En la foto tenéis uno de los pequeños altares donde se celebran bodas y alrededor los tocones de plástico donde se acomodan los invitados.



Bueno, pues entre tienda y tienda se nos ha pasado el día entero. Dejamos el downtown y sus rascacielos y volvemos a casa.

Otro día que estéis aburridos os llevo de paseo a visitar otros lugares de Calgary.

Etiquetas: ,

jueves, enero 04, 2007

Cosas que hacer en Calgary cuando estás muerto (1)

(...de aburrimiento)


Porque si acabas de llegar y no conoces a nadie que te saque de paseo lo mejor que puedes hacer es no quedarte en casa y ver un poco la ciudad cuanto antes.

Si es diciembre (en realidad, basta que ya haya pasado Halloween para empezar a verlo) podéis salir de paseo y ver cómo adorna la gente sus casas para la Navidad. Como siempre, para ver mejor las fotos pinchad sobre la imagen.



Ahí lo tenéis, en el jardín de unos vecinos: Santa Claus saliendo y entrando de una chimenea gracias a un mecanismo hidráulico. Tanto Santa como la chimenea son hinchables y tuvieron que ser retirados por su dueño el día que cayó una nevada de no te menees (jejeje). Por el día se desinfla y ocupa muy poquito espac... ups, perdón, fui invadido por el espíritu de la teletienda.



¡¡¡Si hasta tiene luces para que se vea bien en la oscuridad!!!



Otro de mis vecinos. La cosa luminosa de la segunda planta de la casa es un muñeco de nieve (que obviamente no es de nieve sino de plástico) con un sombrerito rojo.



Éste ha comprado una de esas bolas de nieve ¡pero casi de tamaño natural y con un Santa Claus dentro que da vueltas! Además, un trenecito con regalos y otro Santa con sus renos. Dentro de la casa, el arbolito.



Más Santa Claus (esta vez sobre el garaje), un pirulí y una vela gigantes y multitud de lucecitas a lo largo de toda la fachada.



Y la última. Se ve muy oscuro pero os puedo asegurar que las tres plantas del edificio están llenas de luces de colores, a lo largo de todo el frente y rodeando los balcones, con una gran estrella en el centro y un árbol en el jardín de entrada.



Así que ya sabéis: si queréis comprobar hasta qué punto pueden llegar a ser horteras algunos en lo que respecta a la decoración navideña, no os quedéis en casa amuermados y salid de paseo.


Ya os seguiré contando...

Etiquetas: ,

lunes, diciembre 25, 2006

En casa

Parece ser que encontré fácilmente el camino de regreso y ya estoy en casita. Aún tengo las horas cambiadas y sigo navegando por internet entre las 2 y las 5 de la mañana (gracias a la conexión de un generoso vecino), pero espero arreglarlo pronto y volver al horario de aquí cuanto antes.

Muchas gracias a tod@s los que me habéis dado la bienvenida, a tod@s los que me habéis felicitado las navidades y a tod@s los demás que sin haber hecho ninguna de las cosas anteriores os dejáis caer de vez en cuanto por este humilde y deslavazado blog.



Seguramente andaré un poco perdido estos días de fiesta, pero una cosa es segura.

He vuelto.

Etiquetas: , ,

miércoles, diciembre 20, 2006

El camino de regreso

Faltan apenas unas horas para montarme en el avión que me va a llevar a Frankfurt, desde donde cogeré el vuelo que me devuelva a Madrid 85 días después de mi partida. Si los horarios se cumplen, mañana por la tarde estaré arrastrándome (son más de quince horas de vuelo) y arrastrando por Barajas una maleta que he podido cerrar a duras penas, camino de la salida y del coche que, supongo, va a venir a recogerme para llevarme a casa.


Ya tendremos tiempo de hacer balance del tiempo pasado fuera de casa, pero ahora es el momento de cantar. Y me diréis "¿cantar tú?" y suplicaréis "por favor, no, que no queremos que llueva". Pero de nada os valdrá porque ya lo tengo decidido.

Así que sólo hay que elegir un cantante y una canción. ¿Cuáles pueden ser? A ver... un cantante que me guste, en cuyas canciones salga Madrid y con una canción que hable del regreso. Ya está. El que haya dicho este nombre puede estar contento de haber acertado. Y como ni San YouTube ha podido ayudarme con esto, tendremos que hacerlo a pelo.

Tomemos aire y vamos allá:




ISMAEL SERRANO

'El Camino de Regreso'



Hasta entonces nunca me habían aterrado
de esta forma los aeropuertos.
Lléname de abrazos, lléname de besos,
creo que anunciaron tu vuelo.
Y entre lágrimas tu figura es devorada por la gente,
y una fiera maloliente clava en mi alma sus afilados dientes,
sus afilados dientes...

Quedo con el sabor metálico de la soledad
y deshojo el calendario.
Tengo miedo, tengo frío y dudo,
y hago repaso.
Fugaz e indeterminado, como un sueño ha comenzado
esta historia y no sé, en verdad, si fue real.

Quién me iba a decir que te iba a encontrar una noche casual,
yo ejerciendo de torpe sentimental.
"¿Qué haces aquí? A punto estaba de marcharme,
qué bueno es encontrarte".
Y tú y yo inmóviles, y en torno a nosotros,
giraban colores, pasaban horas, rostros.
Pasaban horas, rostros...


Pero nada de esto era importante,
"así que háblame de ti y no pares".
Apenas te dejaba la música con su metralla.
"Cuéntame cómo era todo antes".
Aunque seriamente dudo si en verdad hubo un antes,
sólo recuerdo bien, con nitidez, que hubo un después.

Entre empujones, entre la gente,
me acerco torpemente con taquicardia adolescente,
en aquel bar donde no entra ni un rayo de luz,
sé que fuera, sé que fuera amanece,
sé que fuera amanece...

Nuevos reencuentros, nuevas confesiones,
y de repente me veo perdido en un aeropuerto,
con las pesadillas que día a día me acompañan, cotidianas,
con las que me atormento:
A qué son bailan tus caderas, qué sudores te alimentan,
tengo tanto miedo de que olvides el camino de regreso,
el camino de regreso...


('Atrapados en Azul', 1995)




Queráis o no, no os queda más remedio: nos vemos en unas cuantas horas.

Etiquetas: ,

martes, diciembre 19, 2006

Un urbanita perdido en Alberta (y 3)


Había dejado colgada hace ya unos días la historia de la excursión a las Rocosas Canadienses en el momento en que nos tocaba volver a bajar de Sulphur Mountain usando el engendro del demonio ese, la Banff Gondola.


Como es de recibo, una vez hecha la subida, la bajada es un trámite obligatorio (aunque aún no de buen gusto). Así que nos disponemos a deshacer el camino andado hasta el Sanson Peak y su estación meteorológica y volver a la plataforma de llegada del teleférico, aquélla que se ve a lo lejos con su patriótica bandera ondeando al viento.



Y una vez en la plataforma, el objetivo es montaros en el cacharro colgante y bajar hasta ahí abajo.



Una vez abajo, hacemos una parada para comer en Banff y enfrentamos nuestro último destino del día con el estómago lleno: Johnston Canyon.


Allí, el curso del río ha ido erosionando y trazando un recorrido sinuoso a través de los años y de la roca. Y a la orilla del río (aunque a veces no hay más remedio que usar plataformas ancladas a las paredes del cañón), un camino para recorrerlo en sentido inverso ascendiendo para ir viendo las sucesivas cascadas que la diferente composición del terreno y la erosión del agua han ido formando con el tiempo.



Según el cartel indicador que hay a la entrada del cañón, la primera de las cascadas reseñables está a una media hora de distancia de paseo tranquilo. Sin embargo, a lo largo de todo el camino del río podemos ver pequeños saltos de agua como éste.



Efectivamente, a la media hora de paseo llegamos a la primera de las cascadas más impresionantes. Una pequeña gruta excavada en la roca nos acerca hasta casi colocarnos bajo ella. Se nos está haciendo tarde y de un momento a otro va a empezar a anochecer, pero tenemos que parar a ver el paisaje, sacarnos unas fotos y escuchar el ruido que hace el agua al caer desde unos cinco metros de altura.



Seguimos remontando el río mientras la tarde se va haciendo noche y entre los árboles cada vez se ven más sombras. La segunda media hora de caminata no transcurre tan pegada al río porque el terreno empieza a ascender de manera abrupta. En uno de los tramos, una pasarela sujeta a la pared del cañón nos permite pasar bajo la roca, en lugar de sobre ella, apenas un par de metros por encima del río que baja tranquilo.

Al final, cuando casi ha anochecido del todo, llegamos a la cascada principal y final del camino.



El tiempo que gastamos en posar un poco para las fotos y mirar las paredes que rodean a la cascada y que empiezan a cubrirse de hielo (aquí viene mucha gente en invierno a hacer escalada en hielo) hace que la foto de antes se transforme en la siguiente.



Como se nos ha echado la noche encima y aún nos queda casi una hora de vuelta, nos ponemos en marcha a través de los árboles a paso vivo.

Sé que no es el momento adecuado, pero caminando entre tanta sombra y apenas viendo al que va primero del grupo, no puedo evitar empezar a pensar sobre algo que he leído en el catálogo que nos han dado al entrar en el Parque: qué hacer en caso de encontrarse con un oso. Y quizá ahora parezca algo tonto e infantil, pero mientras caminaba casi al trote no dejaba de preguntarme si seríamos capaces de llegar el coche antes de que aquella sombra grande que parecía moverse tras los árboles fuera capaz de alcanzarnos.

Etiquetas: ,

miércoles, diciembre 06, 2006

Frustración lectora

Desde que estoy aquí no he terminado de leer más que el libro que traía a medias, y no será por libros porque os puedo prometer que tengo la maleta llena. Además, confieso que tengo empezado nada menos que un Dick y no tengo muchas ganas de seguir con él. Creo que me estoy echando a perder...

A cambio de no leer, he escrito la inabarcable cifra de 1.264 palabras (199 y 1.065, respectivamente).

El resto del tiempo he estado tratando de vivir dos días cada día, recuperando cada vez que llego a casa lo que ha pasado en mi ausencia y tratando de avanzar lo que pasará al día siguiente mientras estoy durmiendo.

Etiquetas: ,

jueves, noviembre 30, 2006

Frustración lingüística

No es que me queje de que no me entiendan, que al fin y al cabo es su problema y ellos se lo pierden, sino que me quejo de que no se les entiende a ellos. ¡Si ni siquiera ellos mismos se entienden cuando hablan!
Tienen tan asumido el hecho de que, aun hablando todos inglés, cada uno lo hace a la manera que Dios le dio a entender, que te lo dicen así, sin complicaciones: "Es que no entiendo la mitad de lo que dice fulanito porque es de no-sé-dónde". Pues imagínate yo, que me quedé atrancado cuando dijo hello...

Entonces se creen que en todo el mundo y con todos los idiomas pasa igual y vienen las confusiones porque me preguntan si yo, como español, puedo entender lo que dice un mejicano, un colombiano o un argentino. Pues oiga, sí, claro que puedo, que aquí los que no sabéis ni qué leches dice el vecino aunque hable en vuestro mismo idioma sois vosotros.

Qué paciencia hay que tener con ellos, madre mía.

Etiquetas: ,

lunes, noviembre 27, 2006

Frustración meteorológica

Una de las cosas que más me gusta de Madrid es pasear por sus calles de madrugada, cuando la gente y los coches van de retirada.

Por lo que he visto de Calgary cuando se pone el sol, estoy seguro de que también me gustaría hacerlo aquí pero a esas horas de la noche tenemos entre veinticinco y treinta grados bajo cero.

Que le vamos a hacer, no puedo esperar a que llegue el verano...

Etiquetas: ,

viernes, noviembre 24, 2006

Frustración textil

Sin bolsillo delante para las manos.

Sin cremallera.

Y sin capucha.


Sí que se me está haciendo difícil comprarme una sudadera en las tiendas de aquí.

Etiquetas: ,

lunes, noviembre 13, 2006

Un urbanita perdido en Alberta (2)


Nos habíamos quedado el último día en que unos mejicanos locos pretendían hacerme subir en el cacharro de la foto anterior, la Banff Góndola, y además pagar 23 dólares y medio. Pero lo que realmente a vosotros os interesa es... ¿te llegaste a subir en el teleférico?

Bien, primero tengo que explicaros que usando el teleférico se tarda 5 minutos en llegar a la plataforma de arriba (que no a la parte más alta, ojo, que después todavía hay que andar un buen trecho), mientras que si se hace a patita la cosa puede llevar más de dos horas porque el camino de subida serpentea a lo largo de toda la falda de la montaña. Así que era elegir entre cinco minutos de horror, palidez y sudores fríos o esperar abajo preguntándome qué diantre habría arriba.

Y subí...



Cada una de las cabinas del teleférico tiene capacidad para cuatro personas, dos buscando con la vista la prometida plataforma de arriba y dos viendo cómo dejas atrás la seguridad del suelo firme (como en el caso de la foto de arriba). No me preguntéis mucho acerca de lo que se veía porque tenía otras cosas en las que pensar como a qué altura estaríamos respecto al suelo, cuál sería la estadística de accidentes de semejante invento o cómo puede ser que 5 minutos duren más de una hora. Por lo que me han dicho era todo muy bonito...



Una vez transcurridos esos 5 minutos (que a mí me parecieron más pero mi reloj no suele mentirme) llegamos a la plataforma que hay en la parte superior de Sulphur Mountain. Desde allí, rodeados de turistas japoneses, se puede ver el valle del río Bow. Como podéis ver el río gira y se retuerce por donde le dejan las montañas. A la izquierda se puede ver la ciudad de Banff y, sobre todo y a pesar de la distancia, su calle principal. A su derecha, en el centro de la foto, esa montaña que aparece separada del resto y que el río rodea es Tunnel Mountain. Y a los pies de Tunnel Mountain, pero al otro lado del río Bow, se encuentra otro hotel construido a modo de château, el Fairmont Banff Springs Hotel, con sus pistas deportivas y un campo de golf que se distingue a la perfección y que corre paralelo al río.

Por si alguien no es capaz de ver bien el hotel, no hay problema: un poco de zoom y arreglado.



¿Se ve mejor ahora? Perfecto.

En su interior el hotel está lleno de salas alfombradas con sillones y chimenea donde fumar en pipa o leer el periódico, todas decoradas con armaduras y escudos de armas (pobrecitos, que no han tenido edad media con castillos de verdad, caballeros en armadura y doncellas de rubias melenas).
En la antesala al comedor hay un hombre sentado frente a un piano y una foto suya cuyo pie nos cuenta que es el pianista del hotel desde el año 1971 (si en la foto junto a él hubiera estado Jack Torrance no me hubiera extrañado lo más mínimo). Si las propinas que tiene en la copa de coñac que hay sobre el piano son una muestra de lo que recibe cada día de los clientes del hotel, yo habría dejado de tocar el piano hace años. Aunque si las propinas se las dan por tener que aguantar a cada turista japonés que entra en el hotel y se quiere hacer una foto con él, no sólo se las tiene bien merecidas sino que, a mi modo de ver, tiene ganado el cielo por su santa paciencia.

Volvamos a la cima de la montaña...



Una vez llegados a la cima, y después de haber contemplado el valle del Bow (que ahora queda a nuestra derecha), todavía queda un trecho por recorrer para que termine nuestra visita a Banff porque tenemos que llegar al pico que se ve allí al fondo, el Sanson Peak, donde se encuentra una estación meteorológica ya en desuso que data de principios del siglo XX.

Pues nada, vayamos hasta allí y confiemos en que estas plataformas de madera que han colocado entre ambos picos aguanten a todos los turistas japoneses y sus cámaras de vídeo.



De acuerdo, ya llevo andado todo este trecho y los escalones, que ya sólo son para arriba, no se acaban nunca. ¿Seguro que vale la pena ir hasta el final del camino? ¡Si ni tan siquiera hemos visto las famosas cabras montesas que nos han anunciado por todas partes!

En fin, seguiremos caminando...



Por fin, al final del camino llegamos a lo alto de Sanson Peak y encontramos la estación meteorológica. En el lugar que antaño ocupara la puerta ahora hay una vidrio transparente para que la gente pueda ver la caseta por dentro: en apenas nueve metros cuadrados hay una cama, una mesa, una silla y estanterías para colocar el instrumental necesario y la suficiente comida para pasar allí períodos de hasta tres meses, generalmente en invierno (que ya son ganas, ¿o no?).

Este pico es el final de esta cadena de montañas por lo que desde aquí podemos ver un valle completamente alfombrado por árboles a nuestra izquierda, el valle y el río Bow (que ya hemos visto hace unas cuantas fotografías) a nuestra derecha y en nuestro frente...



Aquí arriba, rodeado de valles por todos lados menos por el camino que nos une a la plataforma del teleférico, me acuerdo de este verano en Galicia cuando subimos (madre mía, qué carretera) hasta el Monte de Santa Tecla. Entonces, en lugar de valles verdes cubiertos de árboles que nos rodearan por todas partes, sólo podíamos ver azul: a la izquierda el Miño, a la derecha el océano Atlántico y en nuestro frente la desembocadura y el agua dulce mezclándose con la salada. Y en la cima, un grupo de amigos, pequeños pero alegres.

Pues eso: pequeño pero alegre.





Ya sólo nos queda bajar. Me está empezando a entrar hambre, ¿podemos parar en Banff a comer algo?

Etiquetas: ,

domingo, noviembre 12, 2006

Un urbanita perdido en Alberta (1)

Hace unas semanas, la persona que me sirve de excusa en casa para hablar español (o lo que es lo mismo, mi compañero de piso mejicano), que acababa de volver de ver a su familia, me invitó a una excursión por las Rocosas Canadienses. Y como llevaba dos semanas sin poder decir ni una palabra en cristiano y no había tenido oportunidad de conocer la región, allá que me fui.

Nos montamos en el coche y pusimos rumbo a las montañas. Nuestro objetivo: el Parque Nacional de Banff, y más concretamente visitar Lake Louise, Banff y Johnston Canyon.


Si hay una cosa que te llama la atención cuando estás a punto de aterrizar en Calgary es que todo lo que ves desde la ventanilla del avión es algo que parece una ciudad y nada más: alrededor solamente hay terreno llano, kilómetros y kilómetros de llanura en torno a la ciudad. Incluso la propia ciudad está como desparramada, ocupando la mayor cantidad posible de espacio en todas direcciones, y sólo parece crecer a lo alto y querer hacerse llamar "ciudad" en la zona de negocios, el downtown, donde los rascacielos se multiplican y compiten por ver quién es el más alto. Así que no es de extrañar que, una vez nos hemos puesto en marcha y aunque estemos a más de hora y media de nuestro destino, podamos ver las montañas fácilmente.



El paisaje no puede ser más apropiado para una road-movie. Yo estoy por sacar la mano por la ventanilla (he visto demasiada tele, ¿qué pasa?) pero seguro que mis compañeras de viaje preferirían encontrar un autoestopista a lo Brad Pitt.



Antes de entrar al Parque Nacional nos desviamos de la carretera para atravesar Canmore, pueblo desde el que podemos ver los tres picos de 'Las Tres Hermanas'.

Una vez dentro del parque nos dirigimos en primer lugar hacia la zona de Lake Louise. Abrigados convenientemente porque, además de que la temperatura ronda los cero grados, el viento hace que la sensación sea de estar en el mismísimo polo norte, nos quedamos sin habla al ver el lago y lo que lo rodea.



Agua azul y transparente, bosques verdes para pasear y montañas nevadas.

Y silencio, mucho silencio.



Para el que se lo pueda permitir, y construido semejando un castillo, el Fairmont Château Lake Louise se alza en la misma orilla del lago.



Después de pasear por dentro del hotel (y ver el salón-comedor y sus impresionantes vistas al lago), nos despedimos con una última fotografía del lago, las montañas y la nieve... y una familia española (siempre con el radar puesto por si escucho hablar "mi lengua").



Sobrecogidos por lo que la naturaleza nos puede llegar a ofrecer, montamos de nuevo en el coche y ponemos rumbo a Banff y alrededores.


Una vez llegados a Banff comprobamos que el pueblo ocupa poco más que una calle principal. Desde cualquier punto de ésta se puede ver, en una dirección, Cascade Mountain, y en la otra, Sulphur Mountain, que es nuestro destino (aunque yo no lo sabía y mi buen disgusto me iba a costar).

Conforme nos acercamos al pie de Sulphur Mountain y voy leyendo los carteles, empiezo a temerme lo peor. Apenas cinco minutos después puedo comprobar lo que me venía temiendo: la intención de mis acompañantes es subir a lo alto de la montaña, ¡pero no precisamente en coche o caminando!



Increíble. Estos mejicanos (que no conocen mi "cariño" por los medios de transporte que no estén en contacto con el suelo) quieren que me monte en el teleférico de la foto, la Banff Góndola, que salva una altura de 700 metros en unos (angustiosos) 5 minutos gracias a tres torres y a una pendiente media del 51%. ¡Y encima de hacerme pasar un mal rato pretenden cobrarme 23 dólares y medio!

Voy a tener que empezar a buscar una muy buena excusa para no subirme ahí...




PD: Si no habéis tenido suficiente con estas fotografías (que se ven mucho más grandes si pincháis en ellas), la mayoría de los enlaces del texto, sobre todo si hacen referencia a un lugar, son o contienen más fotografías para disfrutar del paisaje.

Etiquetas: ,

lunes, octubre 30, 2006

Maldito seas, Edward A. Murphy

En mi pueblo, cuando éramos niños, mi madre nos preguntaba
a mi hermano y a mí si preferíamos ir al cine o a comer
con una frase festiva: "¿Cine o sardina? "
Nunca escogimos la sardina.


'Cine o sardina' (Guillermo Cabrera Infante, 1997)




Ni la ley de gravitación universal, ni la ley de conservación de la materia, ni las leyes de la termodinámica...
Ni la ley de Ohm, ni la ley de Boyle-Mariotte, ni la ley de Pascal...
Ni la ley de Hooke, ni la ley de Coulomb, ni la ley de Gauss...
Ni la ley Corcuera, ni la ley de propiedad intelectual, ni la ley de enjuiciamiento civil...
Ni 'La ley del silencio', ni 'La ley del talión', ni 'La ley del hampa'...
Ni siquiera la ley de la botella...

Ahora mismo no me importa ninguna de las anteriores porque la ley que más me molesta que se esté cumpliendo es la Ley de Murphy.


Todos los que me conocéis sabéis que, además de la lectura, una de mis grandes aficiones es el cine, a ser posible en una sala oscura y en una pantalla grande. Al igual que Cabrera Infante, yo no habría elegido tampoco nunca la sardina. Y después de un año más bien tirando a flojo en lo que a estrenos se refiere, ha querido el dichoso Murphy castigarme haciendo coincidir todos los estrenos que esperaba ansioso con mi ausencia de tres meses.

Yo te maldigo, Edward A. Murphy.


A pesar de tanta desdicha fílmica, no voy a rendirme fácilmente y ya estoy poniendo manos a la obra para poder minimizar el daño.

Temo que no voy a poder evitar perderme algunas de las que ya se han estrenado en España como 'El Laberinto del Fauno', del enorme en más de un sentido Guillermo del Toro, o 'Scoop', la penúltima de Woody Allen, la primera porque aquí no llega cine en español y ambas porque no figuran en la lista de estrenos de aquí a Navidades (estoy dando por supuesto que la posibilidad de que aún sigan en cartel a mi regreso es mínima, aunque en el caso de 'El Laberinto del Fauno' todavía confío en las salas de VO).

Otras que también se han estrenado ya pero que seguramente pueda ver aquí son 'Hijos de Hombres' (Children of Men), de Alfonso Cuarón (al que en el trailer de los cines de aquí anuncian como el director de 'Y tu mamá también'... ¿me habré equivocado y alguna película en castellano sí que llega?), e 'Infiltrados' (The Departed), de Martin Scorsese (porque a pesar de que salgan DiCaprio y Matt Damon, Scorsese sigue siendo Scorsese).

A la que ya he puesto remedio hace un par de días ha sido a 'La Dalia Negra', del a veces muy brillante Brian De Palma y basada en el magnífico libro de James Ellroy. Si no me vence el sueño, una de estas noches me extenderé un poco más en lo que me ha parecido la película aunque adelanto que, a pesar de contar con semejante material de partida y sabiendo lo bien que lo puede hacer De Palma, el resultado es bastante flojito.

Una de la que dudo si verla aquí o esperarme es 'El prestigio', de Christopher Nolan, a la que tengo ganas a pesar de que no me pareciera que el libro de Christopher Priest en el que se basa sea una maravilla.

Y una que seguramente vea aquí y luego repita en España es 'Flags of our Fathers', del magnífico Clint Eastwood, basada en el libro de Paul Haggis y que trata sobre la batalla de Iwo Jima en la 2ª Guerra Mundial. Pero no contento con dar el punto de vista americano de la batalla, Eastwood tiene en post-producción 'Letters from Iwo Jima', lo que pretende ser el punto de vista del ejército japonés y uno de los estrenos que tengo marcado rojo para el año que viene, ya regresado a casa.


Así que ya sabéis mis planes para combatir a Murphy. De cómo van saliendo estos planes y de alguna bala más que tengo en la recámara ya os iré hablando otro día.

Etiquetas: ,

miércoles, octubre 25, 2006

Se acerca el invierno...

O mejor dicho, se presentó de repente.

El lunes de la semana pasada para ser exactos. Por la mañana, al levantarme, me encontré que estaba todo nevado. Luego, de camino a la universidad continuaba nevando sin parar (por si no había tenido suficientes copos con los del desayuno). Y para rematar el día, a la salida continuaba nevando. Supongo que todos los que me preguntaban por la nieve ya estarán contentos. Sin embargo, que no se alegren mucho porque aquí el tiempo cambia rápida y constantemente y hoy he vuelto a salir a la calle sin abrigo.

Cuando llegué a la facultad, una compañera me ha dicho muy seria (palabrita del niño Jesús, que me caiga un rayo encima ahora mismo si te miento) que ya lo había avisado el hombre del tiempo: nieve durante todo el lunes y también el martes por la mañana. Me quedé con las ganas de explicarle las veces que acierta el hombre del tiempo en España pero me contuve no nos fueran a tomar por poco avanzados tecnológicamente. Efectivamente, el martes por la mañana volvió a amanecer nevado, aunque esta vez ya había dejado de nevar cuando me fui hacia la facultad. Por la tarde no quedaba ni una nube y el miércoles volvimos a la rutina del cielo nublado a ratos y soleado el resto, que ha sido la práctica predominante desde que estoy aquí.

Pero salgamos ya del ascensor y dejemos de hablar del tiempo por hoy.


Dada la curiosidad general por saber cómo es el sitio donde vivo (y si no os interesa me da igual, lo voy a poner de todas maneras) y el posible peligro que pueda correr debido a los osos que recorren el barrio para comer de los cubos de la basura (qué cosas hay que oír y qué paciencia que tengo... osos no he visto ninguno, pero liebres y ardillas bastantes), vamos a tirar de Google Earth y de la webcam del portátil para enseñaros la zona.



En la foto anterior podéis ver la casa (la que está dentro del recuadro rojo). Como no he podido acercarme más, de paso podéis ver la calle donde está. Es una zona de casas individuales, la mayoría con dos plantas. Un sitio tranquilo en el que sí, se pueden dejar las puertas abiertas. Pinchad en la foto si queréis verla más grande.



Aquí tenéis la vista desde la casa, saliendo a la puerta portátil en ristre. Por suerte, aún quedaba suficiente luz cuando he llegado a casa para tomar la foto.



Subiendo los escalones que se ven la derecha, llegamos a la casa. Las tres ventanas que se ven dan al salón y las habitaciones dan al lateral, donde se ve la valla verde. Esa es la planta de arriba porque debajo hay otro piso.



Y por último, la entrada de la casa. Y la culpable de que lleve los bajos de los pantalones llenos de pelos. Como buena gata se pasa el día fuera de casa sin querer saber nada de nadie y cuando regresamos por la tarde-noche sale de repente de detrás de un arbusto y entra en la casa. Y cada vez que vas a la cocina, te sigue por si cae algo para ella.



Por hoy, eso es todo. Mañana os seguiré enseñando la facultad y alguna otra cosilla del campus.

Ahora que vosotros empezáis el día, yo me voy a dormir.

Etiquetas: ,

viernes, octubre 13, 2006

Algunas veces...



...cuando aún es temprano por la mañana y no estoy todavía despierto pero ya no estoy dormido, oigo los ruidos que vienen de la cocina y me imagino a mi madre haciéndonos el desayuno. Sólo cuando me doy media vuelta para seguir disfrutando de esta extraña sensación me doy cuenta que no estoy en casa.




...cuando estoy en la estación esperando el tren que me devuelva al cuarto donde despierto todas las mañanas, veo un pequeño reflejo a lo lejos en el cielo, un avión que escapa rápidamente hacia no se sabe qué destino. Repite conmigo: dos meses y una semana son sesenta y ocho días son mil seiscientas treinta y dos horas son noventa y siete mil novecientos veinte minutos son...




...cuando apago las luces y quiero dormir, no puedo.





Ismael Serrano - 'Qué va a ser de mi'

Etiquetas: ,

miércoles, octubre 04, 2006

Japón is different


Después de casi una semana rondando por tierras de Canadá estoy capacitado al fin para empezar a desmentir una serie de tópicos que me han perseguido desde que le conté a los amigos que me venía a Calgary a pasar tres meses.


En primer lugar (lo escribiré en mayuscúlas no por chillar sino sólo para que quede bien claro), LOS CANADIENSES NO TIENEN LA CABEZA PARTIDA NI SE VAN TIRANDO CUESCOS POR LA CALLE EN LA CARA DE LA GENTE. O al menos, no en Calgary y no en mi cara.

En segundo lugar, AQUÍ NO HACE FRÍO. El sábado estuve de librerías y pasé bastante calor con el jersey ya que podía haber ido perfectamente en camiseta. Hoy, que el día se ha despertado nublado aunque no tenía pinta de ir a llover, he ido a la facultad sin abrigo y sin pasar frío. Y es que no me cansaré de repetirlo una y otra vez: aquí hace frío en invierno, esto es, a partir de diciembre.

En tercer lugar, no he probado ni el alce ni el sirope de arce ni nada que se le parezca fonéticamente. Por favor, con lo rarito que soy yo para las comidas ¿en serio pensabais que iba a comerme eso? Aunque, ahora que lo pienso, el otro día comí unas fajitas de búfalo y no estaban nada mal... quizás algo picantes jejeje


Ahora en serio, si os soy sincero, no tengo ni idea de si he comido arce porque aquí toda la comida lleva un montón de cosas además de lo que pone en el título. Un ejemplo, hoy me he tomado un sándwich de jamón y queso pensando que sería como los de España, con un poco de jamón y un algo de queso, y ¡oh, sorpresa! además de lo obvio llevaba lechuga, tomate, ¡¡¡pepinillos!!! y algo que no he sabido descubrir qué era. ¿Eso era un sándwich o una ensalada?

Otra de las cosas que me llama la atención de lo que he visto es que hay muchos asiáticos, no sólo orientales sino también indios, pakistaníes y demás. A montones y por todas partes. Hasta tal punto que me he llegado a preguntar si realmente hay canadienses en Canadá y la respuesta debe ser que son el resto de la gente, esos rubios y de ojos claros, porque lo que está claro es que españoles o sudamericanos no hay ni uno. ¡Necesito alguien que hable en cristiano, por favor! Porque una cosa es que tenga que entender a los nativos (y hacerme entender lo mejor posible, que esa es otra) y otra muy diferente que tenga que usar más manos de las que tengo para explicarme con los orientales que atienden los puestos de comida. Y os aseguro que si pudiera lo haría, pero me da que no voy a poder estar sin comer tres meses...


Sin embargo, hay que reconocer que estoy generalizando y que debería ponerme en la piel de ellos.

En el laboratorio donde trabajo hay un chico japonés que debe pasarlo igual de mal que yo para hacerse entender. Como voy a hablar más veces de él, vamos a ponerle un nombre ficticio y a llamarle a partir de ahora Noriyuki, o simplemente N. El otro día, a la hora de la comida, otras dos compañeras de laboratorio (a éstas no las ponemos nombre... de momento) me preguntaron si yo entendía lo que decía N. Lo primero que pensé ante esa pregunta no fue si yo era capaz de entender a N., sino si eso mismo les estaría pasando conmigo, así que durante ese día intenté sacar a relucir mi mejor inglés (que tampoco es que sea muy apañado, pero por el momento me está sirviendo unas veces mejor y otras peor). El caso es que estas compañeras me comentaban que les costaba mucho entender a N. y que para solucionarlo, N. había ido a unas clases de inglés de conversación, aunque mis nuevas y maliciosas compañeras me dijeron que como N. no hablaba con nadie no sabían si las clases habían dado sus frutos. Ainsss, cuánta maldad anida en el alma femenina...

Pero la verdad es que sé de qué hablan porque me cuesta horrores entender alguna de las cosas que me cuenta sobre los métodos de trabajo que usa. Y lo mismo debe pasarle a él con mis explicaciones por las caras que me pone aunque, mal que bien y con mucha gesticulación, creo que la cosa parece que funciona y algo (nos) entendemos.

La otra anécdota que me contaron sobre N. trata sobre los horarios de trabajo. Cuando pregunté a qué hora tenía que llegar al laboratorio (consejo para todo aquel que no lo sepa: se pregunta siempre por la hora de entrada, la de salida ya se verá sobre la marcha) el tema siguió con las diferencias entre los horarios de aquí y España y terminó derivando hacia los horarios de N. Y es que no hay nada peor que un compañero de trabajo japonés porque hagas las horas que hagas te va a dejar en mal lugar. ¡En Japón, N. trabajaba de lunes a domingo y de 10 de la mañana a 8 de la noche como mínimo!

Y es que, como dice el título, Japón is different...

Etiquetas: , ,

domingo, octubre 01, 2006

Distracciones y ánimos

Parece que el tiempo de espera hasta poder emerger por el otro lado ha sido más corto de lo que yo esperaba, wireless del hotel mediante. Ya veremos cómo se presenta la semana que viene.


Como os contaba el otro día, el jueves pasado me pasé todo el día volando... y, para mi sorpresa, comiendo.

Ya en el primero de los dos vuelos, el que me llevaba hasta Frankfurt, me dieron de comer. Era algo ligerito dadas las horas tempraneras del vuelo, pero que siempre se agradece. Y digo yo que de paso, mientras estás con la comida, no piensas en el vuelo. Porque yo soy de los que prefiere no volar si se puede evitar. ¿Miedo a volar? Pues no sabría qué deciros. Cuando alguien me pregunta sobre ello, nunca lo defino como miedo porque no creo que lo sea: es una sensación incómoda que me tiene todo el trayecto en estado casi permanente de alerta pero no creo que sea miedo. De hecho, cada vez me gusta más ver los aterrizajes. No porque sea el final del viaje y vayamos a poder salir al fin del avión, sino porque me gusta ir viendo cómo va cambiando de tamaño lo que podemos ver por la ventanilla: primero sólo puedes reconocer ciudades o barrios, luego puedes ver las carreteras, más tarde los coches de las carreteras, luego hasta la gente que anda por la calle... y empiezas a ver cada vez más cerca los coches, los árboles y las personas... y, de repente, ya estás en tierra otra vez. Es a la única parte del vuelo a la que le estoy cogiendo afición. El despegue, sin embargo, no me gusta en asoluto. Y sobre lo que es el vuelo en sí, cada vez que pienso en ello me acuerdo de la escena de 'Supermán' en la que Lois Lane tiene un accidente en un helicóptero y allí aparece el hombre de acero para salvarla (una de tantas veces, por cierto ¡qué chica más patosa!). Supermán, tras salvarla, la lleva en brazos a la vez que sujeta el helicóptero y la tranquiliza diciéndo que no se preocupe porque él la está sujetando, a lo que ella responde ¿y a ti, quién te sujeta? Pues a mí me pasa lo mismo. Está claro que a mí me "sujeta" el avión, pero... ¿quién sujeta el avión?

El caso es que en el segundo vuelo (Frankfurt-Calgary: casi 10 horas de viaje) no sólo nos dieron de comer, con galletitas a media tarde después, sino que además merendamos helado y cenamos pizza. Y se agradece, oiga, porque calculad que, de esas 10 horas y teniendo en cuenta que además te dan bebidas entre medias, te pasas comiendo más de la tercera parte. Al final ya comía con aburrimiento y sin ganas, pero si es su táctica para tenernos distraídos a los que preferimos no volar, por mí adelante: prefiero estar distraído comiendo que viendo películas sin gracia y que voy a volver a ver en el viaje de vuelta.


Y prefiero mil veces estar distraído comiendo a las disculpas del capitán por el retraso que llevábamos al salir en el vuelo que nos llevó hace dos semanas a Santiago de Compostela.

Después de recorrer la nueva terminal 4 de Barajas del derecho y del revés hasta que finalmente asignaron una puerta de embarque definitiva a nuestro vuelo, se nos anunció que éste iba a salir con un retraso de 45 minutos, que viene a ser más o menos lo que dura el vuelo en sí. Una vez que hubimos embarcado y despegado, el saludo del capitán incluía la siguiente "disculpa" por el retraso: con total naturalidad y sin darle la menor importancia nos hizo saber que si el vuelo salía con demora era porque habían tenido que usar otro aparato diferente al inicialmente previsto, avión que había venido desde Granada porque el resto de los aviones de este modelo se encontraban averiados. Naturalmente, saber el motivo del retraso nos tranquilizó mucho, como se hizo evidente por la cantidad de comentarios que siguieron al saludo del capitán. Uno de los más ocurrentes, aprovechando el hecho de que al embarcar nos habían dicho que los asientos asignados no valían y que podíamos elegir asiento al entrar, versaba sobre la dificultad que iban a tener en identificar los cuerpos al no estar cada uno en el asiento que debiera. Sin comentarios.

Prefería no haber sabido el motivo del retraso, del mismo modo que no quisiera saber cómo da ánimos este señor a sus amigos en las adversidades.

Etiquetas: ,

miércoles, septiembre 27, 2006

La cara oscura de la Luna

Ando ausente y liado durante estos días, preparando el viaje que me va a llevar al otro lado del charco.

Para los que no lo sepan (¿y cómo íbamos a saberlo, diréis, si nunca lo has contado en el blog?), después de terminar el instituto, opción de ciencias, hice la carrera de Farmacia en la Universidad de Alcalá de Henares. Como ya sabía que lo de atender tras un mostrador de una botica no era lo mío, busqué hasta encontrar una beca que me permitiera incorporarme a algún grupo de investigación en el que poder realizar una tesis doctoral. De eso hace cuatro años, o los hará el día 2 de diciembre para ser más concretos. Apurando mis días de becario predoctoral solicité una beca que la Comunidad de Madrid, con su presidenta Esperanza a la cabeza, ha tenido a bien concederme, una beca para realizar una estancia breve (apenas tres meses) en un laboratorio de investigación extranjero.

Y allá que me voy. Mañana cojo un avión a las 10 de la mañana y aterrizo en Calgary (previo paso por Frankfurt) unas 15 horas después.


Por tanto, preveo que va a pasar un tiempo (espero que mínimo) mientras me deshago del jet-lag, me instalo y encuentro una conexión fija y tiempo para volver a retomar el blog.

Cuando terminéis de leer esta entrada yo ya estaré entrando en la cara oscura de la luna: sin posibilidad de enviar o recibir señales hasta emerger por el otro lado.

Mientras tanto, os dejo con un grupo que cantó a ese lado oscuro de la Luna...



'MONEY' – Pink Floyd

Etiquetas: , ,

Creative Commons License
Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.