lunes, noviembre 13, 2006

Un urbanita perdido en Alberta (2)


Nos habíamos quedado el último día en que unos mejicanos locos pretendían hacerme subir en el cacharro de la foto anterior, la Banff Góndola, y además pagar 23 dólares y medio. Pero lo que realmente a vosotros os interesa es... ¿te llegaste a subir en el teleférico?

Bien, primero tengo que explicaros que usando el teleférico se tarda 5 minutos en llegar a la plataforma de arriba (que no a la parte más alta, ojo, que después todavía hay que andar un buen trecho), mientras que si se hace a patita la cosa puede llevar más de dos horas porque el camino de subida serpentea a lo largo de toda la falda de la montaña. Así que era elegir entre cinco minutos de horror, palidez y sudores fríos o esperar abajo preguntándome qué diantre habría arriba.

Y subí...



Cada una de las cabinas del teleférico tiene capacidad para cuatro personas, dos buscando con la vista la prometida plataforma de arriba y dos viendo cómo dejas atrás la seguridad del suelo firme (como en el caso de la foto de arriba). No me preguntéis mucho acerca de lo que se veía porque tenía otras cosas en las que pensar como a qué altura estaríamos respecto al suelo, cuál sería la estadística de accidentes de semejante invento o cómo puede ser que 5 minutos duren más de una hora. Por lo que me han dicho era todo muy bonito...



Una vez transcurridos esos 5 minutos (que a mí me parecieron más pero mi reloj no suele mentirme) llegamos a la plataforma que hay en la parte superior de Sulphur Mountain. Desde allí, rodeados de turistas japoneses, se puede ver el valle del río Bow. Como podéis ver el río gira y se retuerce por donde le dejan las montañas. A la izquierda se puede ver la ciudad de Banff y, sobre todo y a pesar de la distancia, su calle principal. A su derecha, en el centro de la foto, esa montaña que aparece separada del resto y que el río rodea es Tunnel Mountain. Y a los pies de Tunnel Mountain, pero al otro lado del río Bow, se encuentra otro hotel construido a modo de château, el Fairmont Banff Springs Hotel, con sus pistas deportivas y un campo de golf que se distingue a la perfección y que corre paralelo al río.

Por si alguien no es capaz de ver bien el hotel, no hay problema: un poco de zoom y arreglado.



¿Se ve mejor ahora? Perfecto.

En su interior el hotel está lleno de salas alfombradas con sillones y chimenea donde fumar en pipa o leer el periódico, todas decoradas con armaduras y escudos de armas (pobrecitos, que no han tenido edad media con castillos de verdad, caballeros en armadura y doncellas de rubias melenas).
En la antesala al comedor hay un hombre sentado frente a un piano y una foto suya cuyo pie nos cuenta que es el pianista del hotel desde el año 1971 (si en la foto junto a él hubiera estado Jack Torrance no me hubiera extrañado lo más mínimo). Si las propinas que tiene en la copa de coñac que hay sobre el piano son una muestra de lo que recibe cada día de los clientes del hotel, yo habría dejado de tocar el piano hace años. Aunque si las propinas se las dan por tener que aguantar a cada turista japonés que entra en el hotel y se quiere hacer una foto con él, no sólo se las tiene bien merecidas sino que, a mi modo de ver, tiene ganado el cielo por su santa paciencia.

Volvamos a la cima de la montaña...



Una vez llegados a la cima, y después de haber contemplado el valle del Bow (que ahora queda a nuestra derecha), todavía queda un trecho por recorrer para que termine nuestra visita a Banff porque tenemos que llegar al pico que se ve allí al fondo, el Sanson Peak, donde se encuentra una estación meteorológica ya en desuso que data de principios del siglo XX.

Pues nada, vayamos hasta allí y confiemos en que estas plataformas de madera que han colocado entre ambos picos aguanten a todos los turistas japoneses y sus cámaras de vídeo.



De acuerdo, ya llevo andado todo este trecho y los escalones, que ya sólo son para arriba, no se acaban nunca. ¿Seguro que vale la pena ir hasta el final del camino? ¡Si ni tan siquiera hemos visto las famosas cabras montesas que nos han anunciado por todas partes!

En fin, seguiremos caminando...



Por fin, al final del camino llegamos a lo alto de Sanson Peak y encontramos la estación meteorológica. En el lugar que antaño ocupara la puerta ahora hay una vidrio transparente para que la gente pueda ver la caseta por dentro: en apenas nueve metros cuadrados hay una cama, una mesa, una silla y estanterías para colocar el instrumental necesario y la suficiente comida para pasar allí períodos de hasta tres meses, generalmente en invierno (que ya son ganas, ¿o no?).

Este pico es el final de esta cadena de montañas por lo que desde aquí podemos ver un valle completamente alfombrado por árboles a nuestra izquierda, el valle y el río Bow (que ya hemos visto hace unas cuantas fotografías) a nuestra derecha y en nuestro frente...



Aquí arriba, rodeado de valles por todos lados menos por el camino que nos une a la plataforma del teleférico, me acuerdo de este verano en Galicia cuando subimos (madre mía, qué carretera) hasta el Monte de Santa Tecla. Entonces, en lugar de valles verdes cubiertos de árboles que nos rodearan por todas partes, sólo podíamos ver azul: a la izquierda el Miño, a la derecha el océano Atlántico y en nuestro frente la desembocadura y el agua dulce mezclándose con la salada. Y en la cima, un grupo de amigos, pequeños pero alegres.

Pues eso: pequeño pero alegre.





Ya sólo nos queda bajar. Me está empezando a entrar hambre, ¿podemos parar en Banff a comer algo?

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2 COMENTARIOS:

Anonymous Thy.- dijo...

Qué envidia me has dado, jodío... Desde luego habrá que apuntarlo como "posible lugar de futuras vacaciones, si es que consigo tener unas vacaciones decentes algún día". "Magnífico" es una palabra que se queda corta.

Aunque, eso sí, aún no termino de creerme que llegaras a motar en el teleférico para subir... ¡¡y luego bajar!!. Te has ganado una galleta, por machote :lol:

Besotes varios y muchos recuerdos desde este lado.

14 de noviembre de 2006, 8:59  
Anonymous Ricardo G. Yayo dijo...

No adelantes acontecimientos, aún no he contado cómo bajé :P
Aunque si quieres, te cuento un secreto: bajar por el teleférico (o coger el avión para hacer el viaje de vuelta) lo haces porque no te quedan más narices, el esfuerzo de decidir ya lo hiciste a la subida.

14 de noviembre de 2006, 9:05  

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