domingo, noviembre 12, 2006

Un urbanita perdido en Alberta (1)

Hace unas semanas, la persona que me sirve de excusa en casa para hablar español (o lo que es lo mismo, mi compañero de piso mejicano), que acababa de volver de ver a su familia, me invitó a una excursión por las Rocosas Canadienses. Y como llevaba dos semanas sin poder decir ni una palabra en cristiano y no había tenido oportunidad de conocer la región, allá que me fui.

Nos montamos en el coche y pusimos rumbo a las montañas. Nuestro objetivo: el Parque Nacional de Banff, y más concretamente visitar Lake Louise, Banff y Johnston Canyon.


Si hay una cosa que te llama la atención cuando estás a punto de aterrizar en Calgary es que todo lo que ves desde la ventanilla del avión es algo que parece una ciudad y nada más: alrededor solamente hay terreno llano, kilómetros y kilómetros de llanura en torno a la ciudad. Incluso la propia ciudad está como desparramada, ocupando la mayor cantidad posible de espacio en todas direcciones, y sólo parece crecer a lo alto y querer hacerse llamar "ciudad" en la zona de negocios, el downtown, donde los rascacielos se multiplican y compiten por ver quién es el más alto. Así que no es de extrañar que, una vez nos hemos puesto en marcha y aunque estemos a más de hora y media de nuestro destino, podamos ver las montañas fácilmente.



El paisaje no puede ser más apropiado para una road-movie. Yo estoy por sacar la mano por la ventanilla (he visto demasiada tele, ¿qué pasa?) pero seguro que mis compañeras de viaje preferirían encontrar un autoestopista a lo Brad Pitt.



Antes de entrar al Parque Nacional nos desviamos de la carretera para atravesar Canmore, pueblo desde el que podemos ver los tres picos de 'Las Tres Hermanas'.

Una vez dentro del parque nos dirigimos en primer lugar hacia la zona de Lake Louise. Abrigados convenientemente porque, además de que la temperatura ronda los cero grados, el viento hace que la sensación sea de estar en el mismísimo polo norte, nos quedamos sin habla al ver el lago y lo que lo rodea.



Agua azul y transparente, bosques verdes para pasear y montañas nevadas.

Y silencio, mucho silencio.



Para el que se lo pueda permitir, y construido semejando un castillo, el Fairmont Château Lake Louise se alza en la misma orilla del lago.



Después de pasear por dentro del hotel (y ver el salón-comedor y sus impresionantes vistas al lago), nos despedimos con una última fotografía del lago, las montañas y la nieve... y una familia española (siempre con el radar puesto por si escucho hablar "mi lengua").



Sobrecogidos por lo que la naturaleza nos puede llegar a ofrecer, montamos de nuevo en el coche y ponemos rumbo a Banff y alrededores.


Una vez llegados a Banff comprobamos que el pueblo ocupa poco más que una calle principal. Desde cualquier punto de ésta se puede ver, en una dirección, Cascade Mountain, y en la otra, Sulphur Mountain, que es nuestro destino (aunque yo no lo sabía y mi buen disgusto me iba a costar).

Conforme nos acercamos al pie de Sulphur Mountain y voy leyendo los carteles, empiezo a temerme lo peor. Apenas cinco minutos después puedo comprobar lo que me venía temiendo: la intención de mis acompañantes es subir a lo alto de la montaña, ¡pero no precisamente en coche o caminando!



Increíble. Estos mejicanos (que no conocen mi "cariño" por los medios de transporte que no estén en contacto con el suelo) quieren que me monte en el teleférico de la foto, la Banff Góndola, que salva una altura de 700 metros en unos (angustiosos) 5 minutos gracias a tres torres y a una pendiente media del 51%. ¡Y encima de hacerme pasar un mal rato pretenden cobrarme 23 dólares y medio!

Voy a tener que empezar a buscar una muy buena excusa para no subirme ahí...




PD: Si no habéis tenido suficiente con estas fotografías (que se ven mucho más grandes si pincháis en ellas), la mayoría de los enlaces del texto, sobre todo si hacen referencia a un lugar, son o contienen más fotografías para disfrutar del paisaje.

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2 COMENTARIOS:

Blogger Náufrago dijo...

Joder... igualico que el centro de Palma en verano. Ya sé a dónde irme el julio que viene... o cuanto menos procuraré acordarme de pinchar las fotos unas cuantas veces al día.

12 de noviembre de 2006, 11:34  
Anonymous Ricardo G. Yayo dijo...

Si no consigues venirte en julio, yo te paso todas las fotos que quieras ;-)
Esta noche seguiré repartiendo un poquito de envidia paisajística.

12 de noviembre de 2006, 21:14  

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