lunes, septiembre 24, 2007

Otra Noche en Blanco

El hecho de acudir a acontecimientos que se repiten periódicamente (como parece que va a ocurrir con La Noche en Blanco) ha hecho que el dueño de este blog se dé cuenta de que hace un año ya estaba por aquí soltando (casi) lo primero que le venía a la cabeza y le obliga, a pesar del letargo en que parece sumido dada la escasa frecuencia de actualización, a sentarse frente al teclado para comentar su experiencia en esa noche "en la que la cultura toma la calle" (sic).


Para empezar, después de ver el año pasado cómo proliferaban las colas en algunas de las actividades que se ofrecían, he de decir que hay lugares a los que ni me planteé acercarme. Las visitas al Teatro Real, al Palacio Real (por muchos Tiépolos, padre e hijo, que tuviera la exposición), a la Biblioteca Nacional, al Banco de España, a la Bolsa o el concierto que se celebraba en el Colegio de Oficial de Médicos de Madrid quedaban descartados desde el inicio. También quedaban fuera museos como el Thyssen-Bornemisza (que merece para sí solo no ya una noche sino un día entero), el Prado (cuando hace poco estuve viendo la exposición sobre Patinir ya le pegué un repaso a todo lo demás), el Reina Sofía (del que no me cansaré de repetir una y otra vez que lo único potente que tiene es el Guernica) o el Arqueológico Nacional y otros lugares como el Santiago Bernabéu o el Jardín Botánico. Ojo, no digo que no se deban visitar sino que, estando disponibles todo el año, no merece la pena ir por el tiempo que se pierde esperando para entrar. Así que, fundamentalmente, los objetivos de este año eran actuaciones callejeras y/o montajes que sólo se pudieran ver esa noche.



Así que, armado de valor para soportar una avalancha similar (cuanto menos) a la del año pasado, mi primera parada era la explanada frente al Bernabéu: donde el año pasado nos deleitaron con un espéctaculo de acrobacias sobre cables, este año prometían más acrobacias ¡pero esta vez sobre pértigas! Qué queréis que os diga: no es que me entusiasmen las acrobacias pero desde luego me gustan los espectáculos que se salen de lo normal, y éste lo parecía.

¡Plaf! La primera, en la frente. Apenas 10 minutos después de comenzada, la función se suspendió debido a la lluvia que nos iba a acompañar buena parte de la noche. Mientras se despedían nos recordaron que habría otro pase a las 12. El recorrido Castellana abajo previsto para después de dicha actuación se tuvo que adelantar 45 minutos.

La siguiente parada quiso ser (y no fue) el Museo de Ciencias Naturales, pero las colas que se veían desde lejos me hicieron desistir. Sin embargo, imaginé que al Museo Lázaro Galdiano, encontrándose alejado del resto del meollo, no se habría acercado mucha gente. ¡Bingo! Hay que ver los cuadros que puedes comprarte cuando eres rico y tienes una casa en condiciones para ocupar todas las paredes. Y luego la decoración. Me imagino al dueño de la casa discutiendo con el pintor que se encargó de la decoración: esto es la sala de música, pínteme en el techo a Beethoven, Mozart, Chopin... esto es la sala de lectura, pínteme a Cervantes, Lope, Quevedo... Además, por la temática de las obras se adivinaba cierta obsesión con la figura de la Inmaculada Concepción. Eso sí, los cuadros de Goya y de Carreño de Miranda merecieron el esfuerzo de ir hasta allí.



Después, bajando por Serrano primero, y Claudio Coello después, llegamos a la Fundación Carlos de Amberes, donde había programado un paseo musical para conocer los orígenes de la misma (aunque, si no habéis estado, podéis pinchar aquí para saber más). Lo más destacable no era ninguna de las obras de la exposición sino "El martirio de San Andrés" de Rubens que decora el lugar que ocupaba el altar de la antigua iglesia, y del que he puesto una fotografía encabezando el texto.

Atravesando la Castellana, el siguiente intento fue visitar el Museo Sorolla y uno de los Jardines Sonoros (el de la Fundación Ortega y Gasset, del que hablo más adelante). De nuevo las colas, aunque ésta vez se podían haber aguantado, me hicieron desistir de entrar al museo. Así que vuelta a la Castellana, disfrutando de poder ir por la mitad de la calzada sin riesgo alguno (o casi ninguno, porque deberían haber cortado el tráfico COMPLETAMENTE, cosa que no pasó, al menos en determinados tramos). A lo largo de Recoletos se suponía que debía haber montajes callejeros diversos agrupados bajo el nombre de Pasos de Zebra. No sé si por la hora que era o por la lluvia, pero la verdad es que la mayoría de ellos ya no estaban. El único que vi aún en funcionamiento (debían ser alrededor de las once y media) era el titulado "Pet Show", pero no puedo contaros nada que no ponga en el enlace porque este tipo de "arte" me aburre soberanamente.

Además de Pasos de Zebra, la Noche en Blanco presentaba otros montajes que ya he mencionado de pasada agrupados bajo el título de Jardines Sonoros y realizados en distintos espacios verdes de la ciudad. Sólo pude acercarme a tres, aunque con desigual fortuna: "Possible Cities" (en el Cuartel General del Ejército) estaba imposible debido a la enorme cantidad de gente que pretendía entrar, tal vez por encontrarse en pleno meollo; "Floricultura Subversiva" (en la Fundación Ortega y Gasset) había sido suspendido, no sé si definitiva o temporalmente, por la lluvia; y el único al que pude acceder y funcionaba fue "Pleasure Gardens" (en el Edificio Zurich de la calle de Alcalá), que consistía en unos altavoces distribuidos por el jardín por los que se escuchaba ruido de parque de atracciones. Si el resto de montajes eran parecidos, no me importa habérmelos perdido.


Un par de intentos de visita fallidos más (el Instituto Cervantes y el antiguo Círculo Mercantil, donde el año pasado había un montaje de músicos autómatas bastante entretenido), las proyecciones de luz sobre el edificio de Correos (futura sede del Ayuntamiento de la capital), las nubes de humo en la Puerta de Alcalá, un par de rosquillas gigantes sobre la Casa de América mientras un tipo hablaba sobre extrañas cosmogonías, un karaoke itinerante que empezó en Callao y pasó por el Edificio Metrópolis (¿¿sería eso el escenario para subirse y gritar por un megáfono que había en la esquina de Alcalá y Gran Vía??), Sol y el Matadero, un foco de luz que apuntaba al Cículo de Bellas Artes donde alguien, en la fachada, pintaba sobre sábanas blancas palabras de colores, un equipo para proyectar los dibujos de la gente sobre la fachada del hotel Room Mate Óscar en la Plaza Vázquez de Mella, sillas de playa en la Plaza de las Descalzas y en la Plaza de la Villa, ventanas de colores y palabras en la fachada del edificio de Telefónica de la Gran Vía o más ventanas de colores en el Edificio España en la Plaza Ídem son algunas de las demás cosas que vi camino a un más que merecido descanso después de semejante empacho de arte.


¿Me quedé con ganas de ver más? Por supuesto.

Por ejemplo, la película de Daft Punk, Electroma, pero intentar aguantar hasta las 6 de la mañana y tener que ir hasta el Matadero era demasiado para mí. Por ejemplo, las exposiciones de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Y, por último, tampoco hubiera estado nada mal apuntarse al recorrido organizado por el Patronato de Turismo para descubrir los secretos de Madrid.

Sin embargo, mis pies pudieron sobre mi cerebro y tuve que desistir, por lo menos, por lo menos... hasta el año que viene.

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2 COMENTARIOS:

Anonymous pepepotamo dijo...

snif snif

como se echa de menos la vidilla de los madriles, pese a la muchedumbre que me agobia y, a veces, me hace odiarlo.

1 de octubre de 2007, 0:10  
Anonymous Ricardo G. Yayo dijo...

Demasiada gente para ti ;-)

Aunque gracias a actos como estos te enteras de exposiciones que te gustaría ver... cualquier otro día XDD

1 de octubre de 2007, 14:35  

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